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El vaso siempre medio lleno. Caótica e inestable. Una virtud por cada diez defectos.

martes, 15 de febrero de 2011

Todo corazón tiene su hipotenusa.

Una letra del abecedario oculta, una incógnita elevada al cuadrado, una raíz cúbica del trigésimo logaritmo elevado a dos billones, todo el libro de texto de un curso aborrecido, todos los libros de todo el mundo rellenados de números hasta vomitar. Pero a ti eso te da igual claro, tú vas a lo imposible, a lo más difícil de explicar y resolver que una ecuación que ocupe cuatro metros de pizarra.Y es que lo que ningún teorema o concepto puede resolver, ni lo que ningún matemático puede explicar y entender al mismo tiempo, es el por qué de sentir, el por qué de existir y de amar, o tal vez sí, pero hasta que mis ojos no lean la teoría que lo verifique, aquí me tendrán sentada resolviendo ecuaciones inútiles de varias pizarras de largaria.  
El que cada sentimientos trastornado desequilibre el triángulo de tu mente y que cada recuerdo esté alimentado por el motor que aviva tu cuerpo a cada segundo, no es nada numérico. Y estás vivo gracias a lo imposible pero cierto, a lo que no se sabe demostrar, no a lo numérico ni verídico, porque que yo sepa mi piel no se construye de números ni mis lágrimas por ángulos convexos.
La vida es un milagro, algo efímero y tan valioso que reside en una pequeña cajita dentro de cada uno de nosotros ¿qué hay de matemático en eso?
Pero si tengo que estar de acuerdo en ALGO con las matemáticas diría que todo corazón tiene su hipotenusa. Su incógnita elevada al cuadrado, su lado oscuro, muy oscuro, su misterio y su emoción y hasta que no reviva otro Pitágoras y desvele este misterio,seguiremos jodiendo a los números de semejante manera hasta que poco a poco solo exista el 1 y acabe suicidándose por cierto problemilla su soledad. Entonces no tendremos números, ni matemáticas, ni razones que valgan y podremos sentir tal cual nos plazca sin pararnos a pensar el por qué de los sentimientos.

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